Novas y Supernovas.

El universo nos regala un cielo de estrellas.

Se acuesta en el pasto y mira las estrellas. Las mira, las mira, las mira... y a veces se hablan. Todo tipo de ideas caminan por su mente. Que el mundo y la vía láctea, que las estrellas y el sistema, que las luces, la naturaleza, los guías y las tecnologías, que los planos paralelos, la vida después de la muerte; y que vos.

Están eternamente lejos y resplandecen. Algunas iluminan con cierta intensidad enigmática, a otras se les fue apagando la vida.
¡Es que con palabras no se puede hablar de las estrellas! Tal vez con música, tal vez con eso podríamos sentirlas.

Entonces mira las estrellas y les pone nombres, como le pone nombres a los sentimientos que vos callas.
Mira las estrellas y crea mundos. Lugares sin vicios tecnológicos, sin virtualidades, sin economías absorbentes. Lugares donde los cristales de una marca no separen las calles. Un mundo sin dominantes. Tan fácil es crear mundos, tan fácil es idealizar (te).

Mu si ca. Alguien le dijo una vez que la música (la de verdad) engloba todo de una forma tan fácil que no nos damos cuenta. Un violín, un piano, una guitarra, una voz. El poder de despertar cualquier sentimiento en quien lo escuche, de teñir cualquier situación, de llenar y también de vaciar.

Es que las mira y hablan. Te juro que hablan. Pero solo a veces.

Parece tan fácil agarrar una. Levanta un brazo, extiende los dedos, tira con todo su ser. Hace fuerza con las uñas, con los dedos, con la mano, con los músculos del brazo, con el hombro, con el cuerpo entero, con la sangre que bombea hasta su brazo, con la energía que el pasto, la tierra y el mundo le brindan. Pero no la agarra nunca.

No importa, de todas formas no sabría qué hacer con una estrella.

Así que se rinde mientras baja el brazo. Toca el pasto con las manos. Se pinta de tierra. Se queda ahí, esperando escucharlas de vuelta.
Las podría mirar siempre. Las podría esperar toda la vida. Pasa que las quiere. Las quiere sin saber sus historias.

Piensa en vos.

¡Que lastima que no sabe tocar ningún instrumento! Se conforma, triste, con pensar. Además vos de música no sabes nada.

Levanta los pies. ¿Qué pasaría si el mundo fuera al revés? Si camináramos por el cielo y sobre nosotros existiera un mundo de plantas. ¿Querríamos ir? ¿Buscaríamos vida ahí? ¿Le buscaríamos formas a las plantas, a las flores? ¿Creeríamos que una manada de elefantes tirando agua es lluvia? Mueve los pies como si estuviera caminando.

Los baja porque las posibilidades estresan. Además nunca llega a vos.

¿Cuantas estrellas habrán muerto y nosotros sin enterarnos? ¿Sera que mueren porque las ignoramos? Nos enfermamos todos de ignoritis aguda... Y piensa: ¡Mirame! Pero no miras, no ves o no queres.

Observa las posiciones de las estrellas y cree que lo único que hicimos bien los humanos fue nominar las formas. Unir los puntitos y darnos cuenta que por alguna razón estaban conectadas. Como si ese fuera su destino.
Quiere creer en eso, en alguna fuerza súper natural, en un plan de algún Dios que guíe nuestros caminos. Saber que cada paso lleva a algo mejor. Que, como las estrellas, estamos justo donde debemos estar.
El único problema es que no le sale mirar esas formas, no las encuentra. Ve puntitos brillantes y nada más. Tampoco puede acordarse nunca sus nombres.

De repente es consciente
del silencio que absorbe. Un silencio limpio que aturde. Es la naturaleza haciendo lo que hace siempre pero ahora, alguien escucha.

Sos como las estrellas. Que son hermosas por simplemente ser. Que se quieren sin conocer historias.

El silencio de la noche es tan tranquilizador como inquietante. El mundo se hace más grande ante este silencio, las inquietudes se expanden, su complejidad y simpleza hipnotiza.

Te mira, te mira, te mira, te mira y a veces se hablan. Pero no está bien. Lo sabe porque a veces cuando mira mucho a una, se pierde otra fugaz.

¡Pero si está tan claro! Clarisimo. Escucha el silencio y se tranquiliza. ¿Miedo a que? El silencio es lo que es, como las estrellas, como la tierra. Miedo a tu silencio, no a eso.

Deja en paz el sector que observa, se mueve de lugar y sigue mirando el cielo.
No le gusta insistir en tocar la puerta de alguien que no está en casa.
No quiere perderse la magia.


El universo nos regala un cielo de estrellas, si prestas atención incluso las podes descubrir fugaces.
El universo te regala un mundo de personas, si prestas atención incluso las podes descubrir mágicas.


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