Romper el silencio
Estamos en un shopping y lo puedo sentir en el aire. Esa tensión insistente de cuando algo está por pasar. No se sabe muy bien qué pero es una tensión colectiva y a la vez individual, ruidosa y disimulada. Parece que todos notamos algo en el ambiente pero nadie muestra señales de sospecha.
Juliana está sentada, temblando y es muy consciente de eso. Esta por decirle a Ignacio que lo ama. Se lo va a decir y no le importa si él no le corresponde. Se lo va decir porque tanto cariño ya no se lo puede guardar. Lo va a hacer aunque todo en ella le grite que no.
A dos mesas está Marcos, de mal humor y ansioso, hace dos días que dejo de fumar y está cambiando muchas cosas en su vida. Como lo que va a hacer ahora. Esta locura que se le ocurrió de decirle a Federico que le gusta. Que quiere más que amistad. Esta de mal humor, ansioso y se le acaba de ocurrir. Y no le importa que sea una idea espontánea y salga todo mal. Lo va decir y punto.
A la distancia está Lucía. Rodeada de sus amigos que saben que le pasa algo. Y no le queda otra que
contarlo. Que está embarazada, que se quiere matar porque tiene 17 años, que la presión social y la vida que le va a cambiar. Y que no sabe si lo quiere. Lo va a decir porque ya no puede sola.
Entonces lo dicen.
Y yo lo veo.
Y la tensión se rompe cuando la reacción aparece.
Alarma.
Se escucha una alarma muy fuerte. Ignacio, Federico y Lucía miran hacia arriba, a los costados, y salen corriendo. Yo salgo con ellos.
Salen corriendo mientras nadie más se mueve. Por supuesto que corren solos, es que nadie más escucho nada.
Somos los únicos corriendo hacia la salida de emergencia.
Salidas de Emergencias. Nunca les había prestado mucha atención pero cuando lo hice no pude dejar de verlas en todos lados. Que interesante el hecho de que alguien este por ahí sentado, trabajando y pensando como vamos a escapar en una situación limite. Es que es tan humano. Querer escapar. Salir corriendo. Buscar la seguridad.
Se me ocurre que seguro que tenemos una persona chiquitita adentro nuestro pensando en como nos vamos a escapar en situaciones limites de cualquier tipo. La puedo ver ahí sentadita, calculando posibilidades, ventajas y desventajas, las neuronas funcionando a velocidades impensadas, planeando como vamos a hacer para que nada ni nadie nos dañe.
Salgo afuera y los veo a los tres. Están temblando, agitados y muertos de miedo. Se están ahogando, pueden sentir su corazón que explota y eso los asusta más. La ansiedad, el peligro y el que hacer. La puta madre, que miedo.
Están ahí, afuera del shopping, esperando que venga alguien. La policía, los médicos, los dueños. Alguien que les diga "tranquilos, están a salvo".
Quiero decirles que tranquilos, que respiren. Pero no me van a escuchar. Están lejos de mi. Están muy adentro suyo y a la vez no.
Me dan ternura. Tienen un miedo de que alguien los quiera.
Es que saben que los acaban de mirar. Que alguien les vio el corazón y los quiere.
¿O no nos da miedo a todos?
Que alguien te conozca, te empiece a limpiar las capas y te encuentre a vos, ahí chiquito e (im)puro.
Que alguien te empiece a gustar, que te llamen la atención detalles inimaginables y no sea perfecto.
Que alguien entre en tu vida y te robe todo el poder para poder destruirte.
Los veo ahí, temblando y quiero decirles que respiren, que tranquilos. Pero sé que no me van a escuchar. Están pensando que tienen miedo. Porque... Mira si el otro se vuelve muy importante. Mira si llega muy adentro. Si se hace parte de mi. Mira si le gusto. Así como soy. Con errores de ortografía, espacios en blanco y dibujos mal graficados.
Ignacio esta llorando.
Federico fuma.
Lucía se suena los dedos.
Siguen esperando que alguien los salve.
Y yo los miro. Los miro y me muero de ganas de decirles que se arriesguen, que vuelvan a entrar.
Pero no digo nada. No hay puertas de entrada de emergencia.
Esas no las construyo nadie. A nadie se le ocurrió que entrar a un lugar sea tan importante. No hay puertas que te digan que entres, que vas a estar a salvo. Porque no vas a estar a salvo, vas a estar a la deriva.
Y ellos lo saben. Y esa personita que esta sentada en su mente esperando que nadie le rompa el alma, también lo sabe.
Todos sabemos que arriesgarse es muy arriesgado.
Y adentro están todos quietos pero con la cabeza de paseo. Dando mil vueltas sin moverse. Y, también, muertos de miedo. Porque se arriesgaron y no ganaron nada. Porque dijeron "te quiero" y el otro salio corriendo. Todos piensan que querer es una mierda. Se enojan, les empieza a faltar el aire, y se tragan las lágrimas. Imbécil. Idiota. Boludo. ¿Creías que te iba a querer? ¿Qué tenes de especial para que alguien te quiera? Si sos simple. Y el otro es tan mágico. Lloran. Yo me muero de ganas de decirle que salgan, que crucen esa puerta que no ven, que salgan y se arriesguen de nuevo. Pero no digo nada.
No digo nada porque no puedo. Porque no soy tangible, porque no me pueden ver o no quieren. No digo nada porque no me van a escuchar. Y les quiero gritar, aunque sé que así no funciona. Los quiero abrazar, pero no me dejan. Los quiero ver felices, y la personita en su mente me bloquea. Esta bien, sé que tienen mucho miedo.
Ignacio, Federico y Lucía se paran, respiran hondo y se van.
La alarma ya no suena.
El silencio invade.
Siguen teniendo miedo.
Y a mi nadie me escucha.
Juliana está sentada, temblando y es muy consciente de eso. Esta por decirle a Ignacio que lo ama. Se lo va a decir y no le importa si él no le corresponde. Se lo va decir porque tanto cariño ya no se lo puede guardar. Lo va a hacer aunque todo en ella le grite que no.
A dos mesas está Marcos, de mal humor y ansioso, hace dos días que dejo de fumar y está cambiando muchas cosas en su vida. Como lo que va a hacer ahora. Esta locura que se le ocurrió de decirle a Federico que le gusta. Que quiere más que amistad. Esta de mal humor, ansioso y se le acaba de ocurrir. Y no le importa que sea una idea espontánea y salga todo mal. Lo va decir y punto.
A la distancia está Lucía. Rodeada de sus amigos que saben que le pasa algo. Y no le queda otra que
contarlo. Que está embarazada, que se quiere matar porque tiene 17 años, que la presión social y la vida que le va a cambiar. Y que no sabe si lo quiere. Lo va a decir porque ya no puede sola.
Entonces lo dicen.
Y yo lo veo.
Y la tensión se rompe cuando la reacción aparece.
Alarma.
Se escucha una alarma muy fuerte. Ignacio, Federico y Lucía miran hacia arriba, a los costados, y salen corriendo. Yo salgo con ellos.
Salen corriendo mientras nadie más se mueve. Por supuesto que corren solos, es que nadie más escucho nada.
Somos los únicos corriendo hacia la salida de emergencia.
Salidas de Emergencias. Nunca les había prestado mucha atención pero cuando lo hice no pude dejar de verlas en todos lados. Que interesante el hecho de que alguien este por ahí sentado, trabajando y pensando como vamos a escapar en una situación limite. Es que es tan humano. Querer escapar. Salir corriendo. Buscar la seguridad.
Se me ocurre que seguro que tenemos una persona chiquitita adentro nuestro pensando en como nos vamos a escapar en situaciones limites de cualquier tipo. La puedo ver ahí sentadita, calculando posibilidades, ventajas y desventajas, las neuronas funcionando a velocidades impensadas, planeando como vamos a hacer para que nada ni nadie nos dañe.
Salgo afuera y los veo a los tres. Están temblando, agitados y muertos de miedo. Se están ahogando, pueden sentir su corazón que explota y eso los asusta más. La ansiedad, el peligro y el que hacer. La puta madre, que miedo.
Están ahí, afuera del shopping, esperando que venga alguien. La policía, los médicos, los dueños. Alguien que les diga "tranquilos, están a salvo".
Quiero decirles que tranquilos, que respiren. Pero no me van a escuchar. Están lejos de mi. Están muy adentro suyo y a la vez no.
Me dan ternura. Tienen un miedo de que alguien los quiera.
Es que saben que los acaban de mirar. Que alguien les vio el corazón y los quiere.
¿O no nos da miedo a todos?
Que alguien te conozca, te empiece a limpiar las capas y te encuentre a vos, ahí chiquito e (im)puro.
Que alguien te empiece a gustar, que te llamen la atención detalles inimaginables y no sea perfecto.
Que alguien entre en tu vida y te robe todo el poder para poder destruirte.
Los veo ahí, temblando y quiero decirles que respiren, que tranquilos. Pero sé que no me van a escuchar. Están pensando que tienen miedo. Porque... Mira si el otro se vuelve muy importante. Mira si llega muy adentro. Si se hace parte de mi. Mira si le gusto. Así como soy. Con errores de ortografía, espacios en blanco y dibujos mal graficados.
Ignacio esta llorando.
Federico fuma.
Lucía se suena los dedos.
Siguen esperando que alguien los salve.
Y yo los miro. Los miro y me muero de ganas de decirles que se arriesguen, que vuelvan a entrar.
Pero no digo nada. No hay puertas de entrada de emergencia.
Esas no las construyo nadie. A nadie se le ocurrió que entrar a un lugar sea tan importante. No hay puertas que te digan que entres, que vas a estar a salvo. Porque no vas a estar a salvo, vas a estar a la deriva.
Y ellos lo saben. Y esa personita que esta sentada en su mente esperando que nadie le rompa el alma, también lo sabe.
Todos sabemos que arriesgarse es muy arriesgado.
Y adentro están todos quietos pero con la cabeza de paseo. Dando mil vueltas sin moverse. Y, también, muertos de miedo. Porque se arriesgaron y no ganaron nada. Porque dijeron "te quiero" y el otro salio corriendo. Todos piensan que querer es una mierda. Se enojan, les empieza a faltar el aire, y se tragan las lágrimas. Imbécil. Idiota. Boludo. ¿Creías que te iba a querer? ¿Qué tenes de especial para que alguien te quiera? Si sos simple. Y el otro es tan mágico. Lloran. Yo me muero de ganas de decirle que salgan, que crucen esa puerta que no ven, que salgan y se arriesguen de nuevo. Pero no digo nada.
No digo nada porque no puedo. Porque no soy tangible, porque no me pueden ver o no quieren. No digo nada porque no me van a escuchar. Y les quiero gritar, aunque sé que así no funciona. Los quiero abrazar, pero no me dejan. Los quiero ver felices, y la personita en su mente me bloquea. Esta bien, sé que tienen mucho miedo.
Ignacio, Federico y Lucía se paran, respiran hondo y se van.
La alarma ya no suena.
El silencio invade.
Siguen teniendo miedo.
Y a mi nadie me escucha.
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