Todo al viento
Oscuridad. Lo único que hay a nuestro alrededor es
oscuridad. Una oscuridad absorbente y silenciosa que se extiende infinitamente.
No hay calles, ni montañas, ni luces, ni plantas, ni muebles, ni nada. Muchos creen que todo eso no existe. Muchos creen que sí, que tienen que existir, que en algún lado hay algo más.
No hay calles, ni montañas, ni luces, ni plantas, ni muebles, ni nada. Muchos creen que todo eso no existe. Muchos creen que sí, que tienen que existir, que en algún lado hay algo más.
Seamos realistas: son todos mitos.
Por aquí dicen que antes todo era distinto y hermoso. El centro
del pueblo se iluminaba, el viento era música y todos se deslizaban, flotaban y
bailaban. Éramos un pueblo transitado donde el movimiento era eterno: los nuevos
llegaban de arriba, volando lentamente hasta tocar el suelo. Llegaban con
historias increíbles de lugares lejanos y los viejos los recibían encantados de
encontrar memoria en recuerdos ajenos. Y al poco tiempo los nuevos olvidaban,
se hacían viejos y esperaban a otros. A veces volaban nuevamente y se alejaban
de a poco hacia la luz.
Nuestro mundo parecía atemporal, lejano de absolutamente todo,
pero cercano a lo importante. Personajes de todo tipo habitaban aquí donde lo único
que parecía valioso eran las vibraciones que nos movían.
Pero el tiempo pasó y dejaron de visitarnos y dejamos de
irnos. El pueblo se fue abandonando, la luz empezó a escaparse, todos empezaron
a asentarse y el viento dejó de sonar. Entonces solo quedaron la oscuridad y las
historias que parecen mitos.
Ya nadie recuerda de dónde venimos. No sabemos si siempre
fuimos pueblo. Tal vez nosotros también fuimos de esos que descendieron
suavemente hasta aquí, tal vez todos tuvimos historias que ahora no creemos. Ya
nadie coquetea con la luz y la tristeza va ganando espacio poco a poco. Se acerca
de la mano de la desesperación y el enojo. Nos va apretando de a sectores, nos
va obligando a movernos. A subirnos unos encima de otros.
Hay uno que dice, que otro cree, que alguien llegó a ver una
luz lejana y pequeña.
Casi nadie le cree, aunque algunos quieren usar esa
información para su propio beneficio, para su sequito de fanáticos.
Ni yo lo creería, me gustaría no creerlo… pero ese alguien soy
yo.
Al principio desconfié de mi mismo, pensé que era una alucinación, que tal vez me estaba
volviendo loco, que la altura me iba a hacer explotar y por eso veía cosas que
no debían estar. Pero la vi. Estaba titilando, opaca y solitaria. A su
alrededor no había más que oscuridad, la sentí tan triste como a nosotros y
entonces la sentí más cerca.
Se lo conté a todo el pueblo, trate de levantarlos, de moverlos pero no logré más que burlas. Parecía un loco predicando. Pensé que tal vez
los había despertado un poquito, aunque sea, porque ahora por lo menos se reían,
pero fue un triunfo engañoso: a los pocos días estábamos todos peor que antes.
Es curioso como la tristeza entra tan hondo que se confunde
con la totalidad y lo domina todo.
Todo
Todo
Todo
Todo
Todo
Hasta que no queda más que ese todo, calado, llenando las grietas, construyéndote.
Todo
Todo
Todo
Todo
Todo
To
O casi todo.
Hoy volvimos a vibrar. Levemente. Como si alguien soplara
con melancolía nos llegó un sonido extraño junto al viento. Extraño, fuerte y
corto. Llegó el viento y nos cambió.
Nos quedamos en silencio, muertos de miedo y sin animarnos a
mover nada. Pero no hizo falta. Porque al siguiente segundo todos nos caímos
hacia un costado. Algunos salieron disparados hacia uno de los limites del
pueblo, otros hacia adelante, algunos desaparecieron. Se fueron por un agujero,
por el centro, hacia arriba de la plaza central. El espacio parecía no tener
reglas. Y de repente luz.
Abrazadora.
Fuerte.
Cegadora.
Y viento, mucho viento acompañado de más vibraciones,
acompañado de risas. Viento que movilizaba, asustaba, rompía o armaba. Viento y
nosotros sin poder creerlo.
El viento sonaba y sonaba y los nuestros saltaban, desparecían,
no entendían nada.
Algunos comenzaron a llamarse, nos estábamos empezando a agrupar, pero cuando quise acercarme… Yo también volé.
Algunos comenzaron a llamarse, nos estábamos empezando a agrupar, pero cuando quise acercarme… Yo también volé.
Y así me fui.
Así como estaba.
Me fui hacia la luz mirando a un pueblo lleno de oscuridad
en sus periferias.
Es curioso como podemos revivir tan ridículamente rápido aunque la herida no haya sanado.
Afuera vi que éramos signo de abandono. Afuera vi que
había mucho más de lo que yo creía. Afuera vi que los mitos no tienen por qué
ser realmente mitos. Afuera en un estado de elevación impensada pude ver… una guitarra y adentro de ella, lo que había sido mi
hogar.
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