Reflexiones de un voluntariado (que es más que un voluntariado)

La casa es nuestra, pero las esquinas no son nuestras.
Las esquinas son otro mambo donde todo puede pasar. Se compran, se venden y se consumen ahí. Se planean, se ríen, se rompen ahí.
En ese espacio visible se crean personajes que de a poco se hacen personas.
En ese espacio visible se enoja la gente que no pasa la mitad de su vida en esquinas.
Ahí es el punto de (des) encuentro. Donde uno en auto mira con bronca o con miedo al negro de mierda que le roba a plena oscuridad. Donde el chango del barrio planea el robo al cheto de mierda para comprar la droga.
Y en ese espacio tan visible se invisibilizan todas la historias.
Porque son negros y chetos de mierda, nada más. Nunca son un nombre, nunca son una persona, nunca son una historia llena de aciertos y errores, de felicidades y tristezas, de sueños y obstáculos. Nunca se mira más allá.
La esquina siempre está ahí, esperando. Como el pasillo tentador y oscuro de la villa, el sentirse libre y con adrenalina.
La esquina actúa como una suerte de fortaleza encubierta. Tiene sus horarios, sus pibes, sus acuerdos y peleas. Hay reglas y códigos.
Y nosotros, los enamorados del dolor, no podemos entrar.
Podemos estar ahí, parados, escuchando y hablando pero no podemos tirarla abajo.
Tampoco nos corresponde.
Tampoco es nuestra la decisión.
Pero, tal vez, si podemos hacer que un verdadero encuentro entre «ellos» y «nosotros» se lleve a cabo. Para que alguna vez no haya ni ellos ni nosotros.
No tenemos que tirar nada abajo, tampoco tenemos que monopolizar las esquinas.
Soñemos.
Antes, mientras y al final, quiero visibilizar historias y aprender a abrir puertas.
Actuemos.
Antes, mientras y al final es la insistencia, la perseverancia, el hacerle saber que no te vas a mover de ahí.
Antes, mientras y al final es demostrar que te importa. Que el otro importa lo suficiente como para ser escuchado, que importa lo suficiente como para quedarte con él aunque todo se caiga.
Es hacerle saber que aunque lo malo no se vaya nunca, el abrazo tampoco se va a ir. Que los abrazos no se venden ni se compran y que mi cuerpo se mantiene, ya sea entero o a pedazos, a tu lado.
Porque aunque la esquina este ahí, y la decisión de los pibes este ahí, al final, es siempre una bienvenida a ser familia. Porque te quiero, te banco, te doy la mano aunque todo se venga abajo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Hasta cuándo?

3/4